El agua es absolutamente indispensable para la vida humana. El cuerpo humano medio está compuesto en más de un 50% de agua. El agua también es refrescante, tanto si se utiliza para beber como para bañarse o nadar. En los países desarrollados, el agua es algo que con frecuencia consideramos obvio. Pero en muchas naciones la falta de agua limpia es el principal problema de salud pública; incluso cuando se dispone de agua limpia, se necesita mucho tiempo y esfuerzo para conseguirla. La preocupación por el agua limpia también era a menudo primordial en la antigüedad.
El agua es tan fundamental para nuestra existencia que se ha convertido en un símbolo de la vida misma. Hay un cuento de los hermanos Grimm titulado «El agua de la vida» en el que los hijos de un rey moribundo intentan localizar «el agua de la vida» para que su padre pueda vivir. Escenarios similares son frecuentes en la literatura. Se dice que el explorador español Ponce de León buscaba la «Fuente de la Juventud» en el Nuevo Mundo. Por supuesto, murió sin llegar a encontrarla. No existe un «agua de vida», es decir, un agua que se pueda beber o en la que uno se pueda bañar y que conceda la vida eterna, la sanidad o la juventud perpetua.

